Escribir es una actividad penosa y que exige esfuerzo y desvelos. Hay siempre, aparte de la amenaza de la esterilidad, la sensación del inevitable fracaso: nada de lo que se escribe es lo que uno quisiera haber escrito. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia antes del acto de escribir; esas horas, días o meses en que buscamos sin encontrar la frase que va a abrir la llave para que mane el agua. Una vez escrita la primera frase, todo cambia: el proceso es apasionante, vital y te enriquece, cualquiera que sea el resultado final. ¡Escribir es una bendición!           
 Octavio Paz

Carlos V (II)

En 1504, al morir Isabel, el único descendiente de los Reyes Católicos era la princesa Juana, que residía en Flandes con su marido Felipe el Hermoso, duque de Borgoña e hijo del emperador Maximiliano. Pero Juana, que ya en 1503 había dado indicios de locura, quedo incapacitada a raíz de la muerte prematura de su marido en 1506. Quien se hizo cargo de los asuntos de Castilla fue el cardenal arzobispo de Toledo, fray Francisco Jiménez de Cisneros. Al morir Fernando el Católico (1516), el mismo cardenal pasó a ser regente de todo el reino en nombre de Carlos, hijo de Juana y Felipe. Nacido en Gante en 1500, Carlos no pisó suelo español hasta 1518, siendo ya soberano de Flandes (la Bélgica y la Holanda actuales) y de Borgoña, y en vísperas de heredar la jefatura del Sacro Imperio Romano Germánico por muerte de su abuelo paterno.

Antonio Alatorre
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