Los judíos españoles, llamados luego sefararadíes o sefardíes (de Sefarad, el nombre hebreo de España), habían escrito en lengua castellana desde que hubo literatura. Los redactores de buena parte de la prosa alfonsí fueron con toda probabilidad judíos. Y desde el sereno y maduro Sem Tob de Carrión hasta el genial Fernando de Rojas, el de la Celestina, la nómina de escritores españoles de ascendencia hebrea era ya muy nutrida en 1492. De hehco, la lengua materna de todos los judíos de España, desde hacía largo tiempo, era el español, aunque nunca dejó de haber entre ellos un uso restringido, sinagogal, de la lengua hebrea, ni tampoco dejó de haber estudiosos profundos del idioma de Isaías y del Talmud. Antonio Alatorre
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