Escribir es una actividad penosa y que exige esfuerzo y desvelos. Hay siempre, aparte de la amenaza de la esterilidad, la sensación del inevitable fracaso: nada de lo que se escribe es lo que uno quisiera haber escrito. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia antes del acto de escribir; esas horas, días o meses en que buscamos sin encontrar la frase que va a abrir la llave para que mane el agua. Una vez escrita la primera frase, todo cambia: el proceso es apasionante, vital y te enriquece, cualquiera que sea el resultado final. ¡Escribir es una bendición!           
 Octavio Paz

Mester de Clerecía

Al mester de juglaría se contrapone, a partir más o menos del año 1230, el “mester de clerecía”, “oficio de clérigos”, arte de hombres que tienen trato con libros. En el siglo XIII se compusieron el Libro de Apolonio, el Libro de Alexandre y el Poema de Fernán González, anómimos los tres. En el siglo XIII floreció Gonzalo de Berceo, el primer poeta español de nombre conocido, la superioridad de su mester sobre el mester de juglares:



Mester trago fremoso, non es de joglaría,
mester es sen peccado, ca es de clerezía,
fablar curso rimado por la quaderna vía
a sílavas cuntadas, ca es grant maestría.



Antonio Alatorre
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