Con la “leyenda negra” va trabado el hecho de haber sido España la campeona de la Contrareforma, o, dicho en términos modernos, la ultraderechista entre todas las potencias europeas, la máxima cultivadora de las ceremonias exteriores, la más fanática, la que juraba defender como dogma, aunque no era dogma, la sutil tésis franciscana de la Inmaculada Concepción. Antonio Alatorre
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