Si en sus tiempos hubiera habído una Academia de la Lengua, los señores académicos no habrían tenido la menor dificultad en exponer a la vergüenza pública las multiples incorrecciones del lenguaje cervantino: frases torpemente contruídas, o construídas a la italiana, italianismos de vocabulario metidos a troche y moche, incongruencias, anacolutos, etc. Los académicos de hoy piensan, por su puesto, de manera distinta. Cervantes es su dios; lo llaman “espejo del idioma”; en cada aniversario de su muerte asisten a una misa conmemorativa, y veneran en la Academia un retrato y un autógrafo de Cervantes, ambos falsos, Pero, colocado en sus tiempos, el Quijote es uno de los libros más llenos de “incorrecciones de lenguaje”Antonio Alatorre
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