Escribir es una actividad penosa y que exige esfuerzo y desvelos. Hay siempre, aparte de la amenaza de la esterilidad, la sensación del inevitable fracaso: nada de lo que se escribe es lo que uno quisiera haber escrito. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia antes del acto de escribir; esas horas, días o meses en que buscamos sin encontrar la frase que va a abrir la llave para que mane el agua. Una vez escrita la primera frase, todo cambia: el proceso es apasionante, vital y te enriquece, cualquiera que sea el resultado final. ¡Escribir es una bendición!           
 Octavio Paz

Don Quijote de la Mancha

Si en sus tiempos hubiera habído una Academia de la Lengua, los señores académicos no habrían tenido la menor dificultad en exponer a la vergüenza pública las multiples incorrecciones del lenguaje cervantino: frases torpemente contruídas, o construídas a la italiana, italianismos de vocabulario metidos a troche y moche, incongruencias, anacolutos, etc. Los académicos de hoy piensan, por su puesto, de manera distinta. Cervantes es su dios; lo llaman “espejo del idioma”; en cada aniversario de su muerte asisten a una misa conmemorativa, y veneran en la Academia un retrato y un autógrafo de Cervantes, ambos falsos, Pero, colocado en sus tiempos, el Quijote es uno de los libros más llenos de “incorrecciones de lenguaje”


Antonio Alatorre
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