Escribir es una actividad penosa y que exige esfuerzo y desvelos. Hay siempre, aparte de la amenaza de la esterilidad, la sensación del inevitable fracaso: nada de lo que se escribe es lo que uno quisiera haber escrito. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia antes del acto de escribir; esas horas, días o meses en que buscamos sin encontrar la frase que va a abrir la llave para que mane el agua. Una vez escrita la primera frase, todo cambia: el proceso es apasionante, vital y te enriquece, cualquiera que sea el resultado final. ¡Escribir es una bendición!           
 Octavio Paz

Aragón

Mientras tanto, al este, en otra franga pirenaica asimismo poco romanizada, se había constituido el pequeño reino de Aragón, subordinado a Navarra. Los reyes primitivos de Aragón reconquistaron a su vez algunas tierras, y uno de ellos, Sancho Ramírez (+1094), rompió la subordinación a Navarra. Las importantes reconquistas de Huesca (1096), Barbastro (1100) y Zaragoza (1118) fueron ya empresas del reino de Aragón, aun cuando entre los reconsquistadores siguiera habiendo gentes navarras. Se puede decir que la lengua de estos reconsuistadores era maás “ruda” que la de los leoneses, ya que León había sido más romanizada. Pero, de hecho el aragonés antiguo se parece al leonés antiguo: ninguno de los dos dialectos se ha alejado mucho del latín vulgar visigótico. Tampoco debe haber habido muchas diferencias entre el habla de los navarro-aragoneses y la de los mozárabes con quienes se iban topando.[1]
Antonio Alatorre

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[1] Alatorre, Antonio. (1979) Los 1,001 años de la Lengua Española. 6ª ed. (1995) México: Colegio de México – Fondo de Cultura Económica. p. 93.
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