Escribir es una actividad penosa y que exige esfuerzo y desvelos. Hay siempre, aparte de la amenaza de la esterilidad, la sensación del inevitable fracaso: nada de lo que se escribe es lo que uno quisiera haber escrito. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia antes del acto de escribir; esas horas, días o meses en que buscamos sin encontrar la frase que va a abrir la llave para que mane el agua. Una vez escrita la primera frase, todo cambia: el proceso es apasionante, vital y te enriquece, cualquiera que sea el resultado final. ¡Escribir es una bendición!           
 Octavio Paz

Árabes

Al pensamiento matemático pertenecen, por ejemplo, las palabras cero, cifra, algoritmo y guarismo, y la palbra álgebra. Los árabes hicieron que toda Europa abandonara la numeración romana, tan incomoda para sumar, restar, multiplicar y dividir. Introdujeron el concepto de “cero” que no existía en la tradición grecorromana, y enseñaron un método totalmente nuevo de “reducción” que eso es el álgebra. Con el pensamiento matemático se relaciona la palabra ajedrez (y sus alfiles y sus jaques y mates): los árabes fueron quienes introdujeron este endiablado juego en Europa. A la especulación científica se refieren las palabras cenit, nadir y acimut, y también la palabra alquimia (con sus redomas, sus alambiques, sus alquitaras).[1]


Antonio Alatorre
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[1] Alatorre, Antonio. (1979) Los 1,001 años de la Lengua Española. 6ª ed. (1995) México: Colegio de México – Fondo de Cultura Económica. p. 80.
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